martes, 25 de febrero de 2020


El príncipe y la sirena


          Había una vez…
En el mundo de la ilusión existió un príncipe llamado Bernard que vivía en la península escandinava, en el Reino de Noruega. Era un príncipe amoroso, trabajador y valiente. Le gustaba navegar  por los Golfos y Mares del mundo sobre  grandes olas y resistiendo a los  peligros.
Lanzaba al mar unas redes muy hermosas que resplandecían, porque él quería atrapar a una sirena, era el Ulises de los mares. Un día inesperado se sintió atraído por el canto de una hermosa sirena, que aunque no podía mirarla  de cerca, al escuchar su canto, éste lo atraía cada vez más hacia ella. No sabía qué clase de sirena era, ni de qué región del mundo, sin embargo ¡él escogió a esa sirena!
La sirena llevaba muchos años dentro del mar, quizás tenía más experiencia que el propio príncipe en esas aguas, sus recorridos por el  mar le habían mostrado toda clase de navegantes: reyes, piratas y príncipes de diferentes partes del mundo. La sirena Eugene quería conocer a un príncipe que fuera franco y afectuoso y que asimismo odiara las mentiras.
El mito en el mundo de las sirenas era que los príncipes azules no existían, que si alguna sirena se encontrara  con un príncipe  que pareciera  azul, tenían que abrir muy bien sus ojos asirenados para ver realmente su color, porque en el fondo del mar y en el fondo de los príncipes existen muchos colores.
Nadie supo si el príncipe Bernard “atrapó” con sus preciosas redes a la sirena y si la sirena Eugene “encantó” al príncipe con su melodioso e hipnotizador canto. La leyenda cuenta que sintieron una gran felicidad mientras se conocían. Con el paso del tiempo los dos se disolvieron en el mar del mundo de la ilusión.
Beatrice
09-02-20



martes, 7 de enero de 2020

¿Qué es la muerte?



Las creencias acerca de la muerte se reflejan de diversas maneras. ¿Cuál es tu creencia? Una que te hace sufrir y tenerle miedo o una que te da paz y confianza.

Te comparto lo que dice el libro “Un Curso de Milagros” acerca de la muerte en el Manual del Maestro 27. pag. 671-672.

 ¿Qué es la muerte?
1. La muerte es el sueño central de donde emanan todas las ilusiones. ¿No es acaso una locura pensar que la vida no es otra cosa que nacer, envejecer, perder vitalidad y finalmente morir? Ya hemos planteado esta pregunta anteriormente, pero ahora debemos examinarla con mayor detenimiento. La creencia fija e inalterable del mundo es que todas las cosas nacen para morir. Se considera que así es como "opera la naturaleza", y ello no se debe poner en tela de juicio, sino que debe aceptarse como la ley "natural" de la vida. Lo cíclico, lo cambiante y lo incierto; lo inestable y lo inconstante; lo que de alguna manera crece y mengua siguiendo una trayectoria determinada, es lo que se considera la Voluntad de Dios. Y nadie se pregunta si un Creador benigno hubiese podido disponer algo así.
2. Si el universo que percibimos fuese tal como Dios lo creó, sería imposible pensar que Dios es amoroso. Pues aquel que ha decretado que todas las cosas mueran y acaben en polvo, desilusión y desesperanza, no puede sino inspirar temor. Tu insignificante vida está en sus manos, suspendida de un hilo que él está listo para cortar sin ningún remordimiento y sin que le importe, tal vez hoy mismo. Y aun si esperase, el final es seguro de todas formas. El que ama a un dios así no conoce el amor, ya que ha negado que la vida sea real. La muerte se ha convertido en el símbolo de la vida. Su mundo es ahora un campo de batalla, en donde reina la contradicción y los opuestos luchan en una guerra interminable. Allí donde hay muerte es imposible la paz.
3. La muerte es el símbolo del temor a Dios. La idea de la muerte oculta Su Amor y lo mantiene al margen de la conciencia cual un escudo puesto en alto para bloquear el Sol. Lo siniestro de este símbolo basta para demostrar que la muerte no puede coexistir con Dios. La muerte presenta una imagen del Hijo de Dios en la que éste acaba "descansando en paz" en los brazos de la devastación, donde los gusanos lo esperan para darle la bienvenida y así prolongar un poco más su propia existencia gracias a su muerte. Mas los gusanos están igualmente condenados a morir. Y de esta forma, todas las cosas viven gracias a la muerte. En la naturaleza, el devorarse unos a otros es la "ley de la vida". Dios está loco y sólo el miedo es real.
4. La extraña creencia de que una parte de las cosas que mueren puede seguir existiendo separada de lo que muere, tampoco proclama a un Dios amoroso ni vuelve a sentar las bases para que se tenga confianza. Si la muerte es real para una sola cosa, la vida no existe. La muerte niega la vida. Pero si la vida es real, lo que se niega es la muerte. En esto no puede haber transigencia alguna. O bien existe un dios de miedo o bien Uno de Amor. El mundo intenta hacer miles de transigencias al respecto, y tratará de hacer mil más. Ni una sola puede ser aceptable para los maestros de Dios, ya que ninguna de ellas sería aceptable para Dios. Él no creó la muerte, puesto que no creó el miedo. Para Él ambas cosas están igualmente desprovistas de sentido.
5. La "realidad" de la muerte está firmemente arraigada en la creencia de que el Hijo de Dios es un cuerpo. Y si Dios hubiese creado cuerpos, la muerte sería ciertamente real. Pero en ese caso Dios no sería amoroso. Ningún otro punto ilustra en forma tan clara el contraste que existe entre la percepción del mundo real y la del mundo de las ilusiones. Si Dios es Amor, la muerte es, de hecho, la muerte de Dios. Y por lo tanto, Su Propia creación no puede sino temerle. Dios no es su Padre, sino su destructor; su vengador, no su Creador. Sus Pensamientos son aterradores y Su imagen temible. Contemplar Sus creaciones es morir.
6. "El último enemigo destruido será la muerte." ¡Por supuesto que sí! Sin la idea de la muerte no habría mundo. Todos los sueños acabarán con éste. Ésta es la meta final de la salvación, el fin de todas las ilusiones. Y todas las ilusiones nacen de la muerte. ¿Qué puede nacer de la muerte y tener vida? Por otra parte, ¿qué puede originarse en Dios y morir? Las inconsistencias, las transigencias y los ritos que el mundo fomenta en sus vanos intentos de aferrarse a la muerte y al mismo tiempo pensar que el amor es real, no son más que necios trucos mágicos que no tienen sentido ni eficacia.
Dios es eterno, al igual que todas las cosas creadas en Él. ¿No ves que de no ser así, Él tendría un opuesto y el miedo sería tan real como el amor?
7. Maestro de Dios, tu única tarea puede definirse de la siguiente manera: no hagas ningún trato en el que la muerte sea parte integrante de él. No creas en la crueldad, ni permitas que el ataque oculte la verdad de ti. Lo que parece morir, tan sólo se ha percibido incorrectamente y se ha llevado al campo de las ilusiones. De ahí que tu tarea sea ahora permitir que las ilusiones sean llevadas ante la verdad. Mantente firme sólo en esto: no te dejes engañar por la "realidad" de ninguna forma cambiante. La verdad no cambia ni fluctúa, ni sucumbe ante la muerte o ante la destrucción. ¿Y cuál es el final de la muerte? Nada más que esto: el reconocimiento de que el Hijo de Dios es inocente ahora y siempre. Nada más que eso. Pero no olvides que tampoco es menos.

jueves, 2 de enero de 2020

¿Que es la proyección?



Para entender… La proyección es el termino psicológico  que se emplea para describir la dinámica de tomar algo que consideramos inaceptable en nuestra mente y liberarnos de ello epxulsandolo hacia afuera, con lo cual creemos mágicamente que ahora ya no esta en nosotros sino en alguna otra persona o cosa. La culpa siempre es inconsciente porque la reprimimos, por ej. si me siento culpable de algo busco liberarme  de la culpa viendo en otro el rasgo que considero inaceptable en mi , entonces ataco y juzgo a esa persona.
Me levanto en la mañana y me dedico a buscar un pecador y juzgarlo. Cuando te sientas tentado de acusar y juzgar a alguien , no te engañes, pregúntate ¿me acusaría a mi mismo de eso?. La proyección da lugar a la percepción. La Sanación de la Mente, Kenneth Wapnick.

Proyección, mecanismo de defensa “Cargo sobre ti mi culpa” S. Freud